Este artículo analiza el desarrollo de la competencia comunicativa intercultural [CCI] en la formación inicial docente [FID], de tres universidades regionales chilenas, emplazadas en contextos de frontera. A partir de 46 entrevistas semiestructuradas a estudiantes, docentes y autoridades, se identificaron siete categorías que evidencian una incorporación marginal y fragmentada de la interculturalidad en el currículo, así como una brecha persistente entre el discurso institucional y las experiencias formativas reales. El estudio se sustenta en el modelo del árbol de la CCI de Munezane (2025), que organiza la competencia en dimensiones éticas, formativas y prácticas interrelacionadas, representadas como raíces, tronco y hojas, de un proceso dinámico y situado de desarrollo intercultural. Emplea un enfoque interseccional que visibiliza desigualdades asociadas a género, etnicidad y territorio. Los resultados muestran que el desarrollo de la CCI está condicionado por factores institucionales, epistémicos y relacionales, y que su fortalecimiento requiere políticas curriculares integrales y formación docente crítica y contextualizada. Se concluye que promover una educación intercultural situada, que reconozca y aborde estas desigualdades, constituye tanto un desafío como una oportunidad para fortalecer el compromiso ético y político de la docencia, favoreciendo prácticas educativas más justas y democráticas en contextos de diversidad y exclusión estructural.