Este artículo analiza dos casos de movilizaciones sociales realizadas en Chile por comunidades que habitan territorios aislados y que poseen una reconocida identidad regional, Chiloé y Aysén, las cuales lograron controlar, mediante diversas acciones de protesta, extensos territorios durante semanas. Para ello, se enfoca en las relaciones dialécticas que se establecen entre las comunidades movilizadas y el espacio social y material en que habitan. Se consideran los resultados de una serie de entrevistas semiestructuradas a personas que participaron o atestiguaron las movilizaciones en las zonas mencionadas, cuyas respuestas se procesaron a través de un análisis de discurso. Los hallazgos muestran que, apelando a un sentido marcado de identidad regional preexistente y utilizando el conocimiento cotidiano de sus propios lugares, las comunidades lograron controlar efectivamente el territorio ocupando el espacio público, generaron estrategias para mantener ese control por semanas y produjeron un territorio inesperado que manifestó una serie de dinámicas propias. Se muestra, además, que la ocupación y el control del espacio público, a pesar de sus consecuencias negativas —como la eventual represión policial y los problemas de suministro de alimentos—, resultan esenciales para las movilizaciones sociales, ya que fomentan la visibilidad de las demandas colectivas y obligan a las autoridades a establecer negociaciones políticas.